Primera parteQuién escribe esto
Iván Jesús Duarte Méndez
Abogado y desarrollador
paraguayo
Trabajo con expedientes. Con plazos, con escritos, con gente que llega a mi oficina en el peor momento de su año. El derecho es un oficio de palabras precisas: cada término tiene consecuencias, cada omisión se paga, y uno aprende a leer un texto sabiendo que del otro lado hay alguien buscando la grieta.
De ese trabajo aprendí algo que después me sirvió para esto: la disciplina de terminar lo que se empieza. Un escrito a medias no existe. Un proyecto a medias, tampoco.
Programar es lo otro. Empezó como pasatiempo —de esos que uno agarra a la noche cuando ya cerró la carpeta del día— y se fue volviendo una segunda forma de trabajar. No vengo de la programación: aprendí haciendo, y sigo aprendiendo con cada proyecto. Hago esto porque me gusta.
Y resulta que las dos cosas se parecen más de lo que uno creería. Un contrato y un programa son lo mismo: un sistema de reglas que tiene que funcionar sin contradecirse. Si hay un hueco, algo se rompe. La diferencia es que el código te avisa enseguida.
Segunda parteLa historia detrás del juego
Antes que nada existió Tupã, el gran espíritu, dueño del trueno. Con Arasy —ara, cielo; sy, madre— levantó la tierra, el monte y los ríos. Después vinieron Rupavê y Sypavê, los primeros humanos, y de ellos nació Marangatu, y de Marangatu nació Kerana, la más hermosa.
Tau la vio y se la llevó al monte. De esa unión nacieron siete hijos, y Arasy los maldijo a todos: el castigo no cayó sobre los padres sino sobre los hijos, que quedaron condenados a ser monstruos.
Teju Jagua, el de siete cabezas de perro y cuerpo de lagarto. Mbói Tu'i, la serpiente con cabeza de loro. Moñái, el de los cuernos que hipnotizan. Jasy Jateré, el niño rubio que roba el sueño de la siesta. Kurupi, el del lazo. Ao Ao, que se multiplica. Y Luisõ, el séptimo, el perro de la muerte.
Eso fue lo que me decidió. No la idea de hacer un videojuego —eso vino después— sino la de tenerlos juntos: a los siete, cada uno con su mundo, como en el relato.
El juego que salió tiene ocho mundos, y cada uno es una ecoregión real del Paraguay: el Bosque Atlántico, el Pantanal, los Esteros del Ñeembucú, el Chaco Seco, el Interior del Monte, el Chaco Húmedo, las Serranías y el Monte Quemado. La vegetación, los colores y los animales de cada mundo corresponden a la región que representan. Recorrer el juego es también recorrer el país.
Y una aclaración que me importa: el mito tiene versiones. Cambia según la región, según quién lo cuente, según qué abuelo te lo contó. La que elegimos es una entre varias, y el sitio lo dice expresamente. No quisimos fijar una versión oficial de algo que vive precisamente de no tenerla.
Tercera partePara qué
Hay una forma de acercarse a la cultura propia que casi siempre falla: la obligatoria. La lámina en la pared del aula, el trabajo práctico, la efeméride. Nada de eso está mal, pero rara vez logra que a alguien le importe.
La apuesta acá es otra. Que se aprenda jugando, sin darse cuenta. El que llega a Tupã ha Kerana no viene a estudiar mitología: viene a pasar un rato. Pero para pasar ese rato tiene que enfrentarse a Moñái, tiene que descubrir que Ao Ao se parte en dos cuando lo golpeás, tiene que aprender que a Jasy Jateré no se le gana durmiendo. Los nombres quedan porque se usan, no porque se memorizan.
Por eso todo está en guaraní: los siete, el bicherío, los objetos que se juntan. Avatí, el maíz. Ka'a, la yerba. Eira, la miel del monte. No son adorno: son las palabras con las que se nombra el mundo acá.
Y es gratuito, sin descargas y sin recolección de datos. El link se abre y listo.
Si de acá sale una sola persona que después busca quién era Luisõ, el proyecto ya valió la pena.
Cuarta parteLo que sigue
IDVISION nació como estudio de producción de contenido digital y audiovisual. Tupã ha Kerana es lo primero que sale con esa firma, pero la idea nunca fue hacer videojuegos y nada más.
Lo que nos interesa es un cruce concreto: contenido paraguayo en formatos contemporáneos. Series cortas, animación, piezas audiovisuales, juegos. Todo lo que permita contar lo de acá con las herramientas de ahora, sin que quede ni acartonado ni ajeno.
Hay material de sobra. La mitología guaraní tiene mucho más que estos siete. Están las historias del monte, las de los ríos, las de los pueblos. Están los relatos que cada familia cuenta distinto. Y está todo lo que no es mito: la historia, los oficios, la música.
El aporte que buscamos es ese, y es modesto pero concreto: que exista material paraguayo bien hecho, accesible y gratuito, para que alguien lo encuentre. Que un chico de doce años juegue con Teju Jagua y sepa que ese monstruo es de acá.
Lo demás lo iremos viendo. Este primer proyecto se hizo de a poco, de noche, entre expedientes. Los que vengan probablemente también.
Tupã ha Kerana
Ocho mundos, ocho ecoregiones del Paraguay, los siete hijos de Tau y Kerana. Gratis, sin descargar nada.
Jugar ahora